¿Cómo surge la idea?

En primer lugar, pensé que era el momento de hacer algo que pudiera dejar en herencia a mis hijos, así que decidí que tenía que intentar solucionar algún problema a nivel mundial; eso es, a lo grande. De todos los problemas que hay, me dije que la contaminación era un buen comienzo. ¿Y qué causa la mayoría de la contaminación? Los motores de combustión. ¿Podía hacer un motor que no funcionase con combustibles fósiles? Ni idea, así que me puse a leer todo sobre motores.

Como imaginación tengo bastante, logré ver que si utilizaba el Principio de Pascal, el sistema de funcionamiento de un motor con ciclo Otto, de forma similar a un motor Bóxer y la transformación del movimiento que realiza el yugo escocés, podía obtener el motor que buscaba y sin necesidad del empleo de ninguna fuente de energía contaminante.

Pero claro, una cosa es la idea y otra saber si el invento era viable. Una vez hecha la primera versión, un brillante ingeniero llamado D. Valentín Justel Tejedor presentó y defendió el proyecto en la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), consiguiendo, con los ajustes necesarios, la concesión del Modelo de Utilidad (ES 1288807), que confirma que no existe nada igual en el mundo.

El primer paso estaba dado, pero de nuevo, tenerlo en papel es una cosa y verlo funcionando otra, por lo que, tras ahorrar lo suficiente, encargué a una empresa de ingeniería que se dedica a la elaboración de prototipos que me dijera si la idea era posible hacerla realidad. Pues bien, tras ajustar el modelo a uno técnicamente más idóneo para su industrialización, confirmaron la viabilidad.

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